viernes, 7 de abril de 2017

Cofradía del Santo Sepulcro de Santa Olalla

Comparto el texto que he elaborado sobre la cofradía del Santo Sepulcro para los triptícos informativos de la Semana Santa Eulaliense 2017, que has sido editados por el Ayuntamiento de Santa Olalla y las tres Cofradías de la Semana Santa de Santa Olalla, Virgen de los Dolores, Jesús Nazareno de Medinaceli y Santo Sepulcro.

Cartel Semana Santa Eulaliense 2017
Del mismo modo que hasta el siglo XIX la Cofradía de la Santa Vera Cruz se encargaba de las celebraciones del Jueves Santo en Santa Olalla, del Viernes Santo se encargaba la Cofradía de la Santa Caridad, con su imagen titular del Santísimo Cristo de la Caridad. Pero desde ese siglo esta cofradía se limita a su fiesta del mes de julio por lo que surgen nuevas devociones como la del Santo Sepulcro.

La actual imagen de Cristo Yacente, que procesiona depositado en su urna o “Santo Sepulcro” llegó a Santa Olalla en torno a 1950. Momento desde el que se extiende su devoción entre numerosas familias de nuestro pueblo.

En la Semana Santa Eulaliense de 2008 se presentó su nueva Cofradía que tendría su creación definitiva al año siguiente, en 2009. Desde esa fecha procesionan en la noche del Viernes Santo con sus túnicas y capirotes negros, su fajín blanco y su emblema, la Cruz de Jerusalén, en rojo. Además del paso de “Cristo Yacente en su Sepulcro” encabezan sus procesiones con las andas de la “Cruz y Sudario”.

domingo, 12 de marzo de 2017

Respuesta de Santa Olalla al interrogatorio de 1844 de la Comisión Provincial de Monumentos Históricos y Artísticos

Por decreto de 13 de junio de 1844 se creaban las Comisiones Provinciales de Monumentos Históricos y Artísticos, entre sus primeras funciones estuvo una recopilación de datos a la que se vieron obligados los alcaldes de todos los pueblos.

El Archivo del Museo de Santa Cruz en Toledo guarda las respuestas a estos cuestionarios realizados en la provincia de Toledo durante el siglo XIX agrupadas por partidos judiciales.  Basamos este artículo sobre la Comisión de Monumentos en Santa Olalla en el estudio previo y las transcripciones que hicieron para la Comarca de Torrijos Roberto Félix García y Francisco Javier Fuentes Fernández, compañeros de la Asociación Amigos de la Colegiata de Torrijos.

El interrogatorio de 1844 contaba con un total de setenta y una preguntas, que la alcaldía de Santa Olalla, ante la falta de datos, decidió no contestar una por una y remitir a la comisión un pequeño párrafo con una única mención al abandonado Convento franciscano de San Juan Bautista que se encontraba extramuros de Santa Olalla.

Alcaldía Constitucional de la villa de Santa Olalla
Monumentos históricos y artísticos
Como en esta villa no hay monumentos romanos, árabes, de renacimiento, lápidas, estatuas, monedas, ni otros objetos antiguos, ni más que un convento que quedó arruinado en la Guerra de la Independencia: que se estaba reedificando cuando se promulgó la supresión, y en cuyo estado queda: actualmente deteriorado lo que se construyó, me ha parecido conveniente, y menos confuso decirlo a él como lo hago, por este medio, mejor que el de dar respuestas a las preguntas impresas que se me han comunicado.
Dios guarde a V.E. muchos años.
Santa Olalla, 14 de diciembre de 1844.
Vicente Bordanova.
La respuesta fue nuevamente remitida al año siguiente.

Presidencia del Ayuntamiento Constitucional de la villa de Santa Olalla
Sr. Jefe Político.
En 14 de diciembre último dije a V.S. lo siguiente “Como en esta villa no hay monumentos romanos, árabes, de renacimiento, lápidas, estatuas, monedas, ni otros objetos antiguos, ni más que un convento que quedó arruinado en la Guerra de la Independencia: que se estaba reedificando cuando se promulgó la supresión, y en cuyo estado queda: actualmente deteriorado lo que se construyó, me ha parecido conveniente, y menos confuso decirlo a él como lo hago, por este medio, mejor que el de dar respuestas a las preguntas impresas que se me han comunicado”.
Lo que pongo en conocimiento de V.S. en cumplimiento de su circular de 16 del corriente número 120.
Dios guarde a V.S. muchos años.
Santa Olalla, 23 de 1845.
Vicente Bordanova.


jueves, 2 de marzo de 2017

Santa Olalla en... (Relaciones geográficas y libros de viajes, del siglo XVI al XIX)

Quienes hemos indagado por los estudios e investigaciones de temática local nos hemos topado en numerosas ocasiones con referencias a las diversas relaciones, descripciones y diccionarios geográficos y topográficos que desde el siglo XVI se han hecho en España.
Son documentos de carácter pre-estadístico que pretenden abarcar el estudio de todos los rincones de nuestro país, por este motivo son fuentes de información comunes a casi todos los lugares y básicas para numerosos estudios. Se trata de ambiciosos proyectos de recopilación de datos que a lo largo de los siglos se han sucedido, unos con mayor y otros con menor fortuna, aunque la situación estratégica de Santa Olalla ha favorecido que el pueblo protagonista de este estudio esté presente en la mayoría de estos documentos.
A estas relaciones, descripciones y diccionarios hay que sumar los conocidos como libros de viajes, que no son sino las notas que algunos estudiosos realizaron y publicaron sobre los lugares que encontraron a su paso durante algún viaje. También en este punto la situación favorable de nuestro pueblo junto a la Carretera Real provoca que aparezca en varios de ellos.
Desde los apuntes de Fernando Colón en 1517 al Diccionario del ministro Pascual Madoz en 1846 tenemos cuatro siglos de averiguaciones pre-estadísticas que se convierten en una fuente interesante, una de las más usadas por los investigadores e historiadores, para el estudio de nuestra historia local.
Este libro recopilatorio además de incluir los textos relativos a Santa Olalla que encontramos en diez de estos documentos, incluye la novedad de contener la primera transcripción íntegra de las preguntas y respuestas para Santa Olalla del completo interrogatorio realizado en 1751 para el Catastro del Marques de Ensenada.
Adentrarse en este texto es descubrir la realidad de Santa Olalla en el siglo XVIII, nos aporta datos concisos de la economía de nuestro pueblo, los oficios, el clero, los hidalgos, los labradores, los jornaleros e incluso los pobres de solemnidad.
Datos de los que se puede ver su evolución en posteriores diccionarios que también hemos recopilado.
Otro de los platos fuertes de esta obra es el libro del Viaje del rey Carlos IV y su familia y séquito a Velada en 1803, el cronista hace durante su pernoctación en nuestro pueblo un curioso balance del mismo. En este punto nos hemos tomado la licencia de incluir el acta del concejo de la villa en el que se prepara la estancia real.
Adéntrense en este texto, conozca las relaciones geográficas y libros de viajes del siglo XVI al XIX, conozca Santa Olalla en…


miércoles, 1 de marzo de 2017

Ficha Bibliográfica de “Santa Olalla en…"

Portada del libro "Santa Olalla en..."
TÍTULO: Santa Olalla en…

SUBTÍTULO: Relaciones geográficas y libros de viajes, del siglo XVI al XIX

AUTOR: López Muñoz, Josué

EDICIÓN: Eulaliense / Autoedición 

PUBLICACIÓN:  Toledo

IMPRESIÓN: Bubuk / Libro digital

AÑO: 2017

DEPÓSITO LEGAL: TO-49-2017

DESCRIPCIÓN FÍSICA: 106 páginas; 21 x 15 cm; ilustraciones y planos

RESUMEN: Recopilación de las menciones a Santa Olalla en relaciones, descripciones, diccionarios y libros de viajes. Este libro recopilatorio además de incluir los textos relativos a Santa Olalla que encontramos en diez de estos documentos, incluye la novedad de contener la primera transcripción íntegra de las preguntas y respuestas para Santa Olalla del completo interrogatorio realizado en 1751 para el Catastro del Marques de Ensenada. Otro de los platos fuertes de esta obra es el libro del Viaje del rey Carlos IV y su familia y séquito a Velada en 1803, el cronista hace durante su pernoctación en nuestro pueblo un curioso balance del mismo. En este punto nos hemos tomado la licencia de incluir el acta del concejo de la villa en el que se prepara la estancia real.

SUMARIO: Introducción / La Cosmografía de Fernando Colón y otros libros de viajes / Las Relaciones de Felipe II / El Catastro de Ensenada / El Viaje de España de Ponz / Las Descripciones de Lorenzana / El Interrogatorio de Tomas López / El Viaje de Carlos IV a Velada / El Diccionario de Sebastián de Miñano / El Diccionario de Madoz / Bibliografía y fuentes.


miércoles, 15 de febrero de 2017

Revista Cañada Real, nº XVII - Revista Cultural de Torrijos y Comarca

Ayer viernes se presentó en la sala de prensa del Palacio Pedro I -Ayuntamiento de Torrijos- la Revista "Cañada Real, nº XVII - (Revista cultural de Torrijos y Comarca)".

En este nuevo número de la revista de la Asociación Amigos de la Colegiata he tenido la suerte de participar, junto a mis compañeros, publicando el artículo, "El Convento franciscano de Santa Olalla, el convento de San Juan Bautista" (páginas 32-35). 

Excelentes artículos, excelente maquetación de mi amigo Jesús Sánchez de Haro y agradezco enormemente las palabras que me dedicó don Julio Longobardo, presidente de la asociación que dijo: “Seguimos haciendo comarca con otro joven e ilustre académico, Josué López Muñoz, con un detallado e interesantísimo estudio de los que fue el Convento Franciscano de San Juan Bautista de Santa Olalla”, documentadísimo artículo escrito con el sabor agridulce del dolor de un precioso monumento perdido del acervo artístico santaolallero. Gracias Josué, por darnos a conocer otra bonita página de la historia de tu pueblo. Enhorabuena.”

La revista ha sido impresa en papel y también se difundirá una edición digital. Os dejo el enlace para poder leer la revista de manera digital.


martes, 14 de febrero de 2017

El convento franciscano de Santa Olalla, el convento de San Juan Bautista

En el último cuarto del siglo XVI bajo la protección de los Condes de Orgaz y Señores de Santa Olalla se inició la construcción, extramuros de la villa de Santa Olalla, del convento de San Juan Bautista. El convento se ponía bajo la advocación de San Juan Bautista ya que su principal impulsor fue el conde don Juan Hurtado de Mendoza y Guzmán (Antoniana (Álava), 1536 - Santa Olalla, 1606).  Además el convento se construía sobre la ermita de San Juan Bautista que aparece mencionada en 1575 en las relaciones de Felipe II: “Al quincuagésimo primo se responde que hay dos ermitas extramuros la una se dice de San Juan Bautista y otra de Santa Olalla”. 

Se situaba en el arrabal de la puerta de Talavera, en el entorno de la actual calle Prolongación de San Juan. Se trataba de un bello y sencillo edificio que albergaba a una comunidad de unos veinte franciscanos descalzos. En 1580 lo ocupan franciscanos de la provincia de San Gabriel, a instancias de fray Francisco de Odón; en el archivo del convento se guardaba la licencia del Arzobispado de Toledo, del 8 de octubre de 1580 por la que Luis Tofiño de Sahagún, cura propio de la iglesia de San Pedro, y Juan Vélez Calderón, cura propio de la iglesia de San Julián, dieron la posesión de la ermita de San Juan a fray Ángel de Miranda, descalzo de la Provincia de San Gabriel. Pero en 1592 toma posesión del edificio la provincia de San José, siendo provincial de ésta fray José de Santa María y en esta provincia estaría incluido hasta la exclaustración en el siglo XIX.

Concesión del Patronazgo al Concejo de Santa Olalla
Año 1610 - Archivo Municipal
En los primeros años desde su fundación algunos de los frailes deciden embarcarse hacia América, tal vez huyendo de las penurias de aquellos primeros años fundacionales. El 16 de mayo de 1590 parten hacia Florida los frailes del convento de Santa Olalla fray Juan de Santiago, fray Juan del Castillo, fray Blas Rodríguez, fray Diego de Valverde y fray Alonso de Reinoso. Y el 9 de enero de 1593 les sigue fray Andrés Muñoz.

El 4 de octubre de 1606 sobrevino la muerte del conde don Juan Hurtado de Mendoza y el convento no había quedado totalmente terminado. Entendemos que hubo desinterés por parte de sus sucesores y fue la propia villa quien se convierte en protectora y patrona del convento. El 9 de septiembre de 1610 logró el concejo de la villa hacerse con el patronato del convento siendo provincial de los franciscanos fray Andrés de Ocaña que hacia esta concesión desde el convento de San Gil de Madrid: “les ha querido y quiere fundar un convento, acabar y poner en toda perfección el que esta comenzado de la advocación del glorioso San Juan Bautista que será como hacerle nuevo, fuera de la dicha villa, cerca del muro a la puerta de Talavera”.

Desde aquel momento el concejo se comprometió al mantenimiento de la comunidad y para esa tarea debió reunir no con pocas dificultades los fondos que año a año debía entregar al convento. Entre los escasos pero interesantes documentos relativos al convento que conserva el Archivo Municipal de Santa Olalla encontramos una real cedula de Felipe III del 30 de mayo de 1615 por la que se autoriza a destinar de sus propios 200 reales al año, durante cuatro años. Lo justifican diciendo: “El dicho convento no tenía renta de que se sustentara y el lugar era corto y pobre, de manera que no tenían limosnas y padecían necesidades muy grandes y por socorrer para ayuda y sustento y porque no se fuesen a vivir a otra parte por falta de sustento”. Esta provisión mencionada se renovó en sucesivas ocasiones. 

El patronazgo por parte de la villa al convento se vio interrumpido en 1720, al no poder mantener la institución por el pésimo estado de las arcas municipales y la crecida del número de religiosos. Posteriormente el traslado de muchos religiosos, que huyeron del hambre y las fiebres terciarias, y la concesión de una real provisión de Felipe V en 1727 por la cual se autorizaba la venta de la rastrojera de los sembrados y la pampanada de las viñas y con ella poder reunir 200 ducados anuales que sumados a dádivas y limosnas al convento permitieron el restablecimiento del patronazgo municipal sin modificación hasta 1748.

Desde 1748 se subió la asignación del convento, algo que nos se formalizo hasta 1769. En 1769 se llega a un nuevo acuerdo por el que de 200 reales de vellón se sube a 1.500 reales, “consignándose del producto de las hierbas mayores de los prados de Almorquín y Valdeflores propios del concejo y cuando no alcanzase del producto, que se pagase la cantidad que faltase por los mismos vecinos, solicitando la correspondiente facultad para su repartimento”. El concejo se hacía cargo con esta cantidad de los sermones de las cuatro festividades de la Virgen, de los viernes y domingos de Cuaresma y de Semana Santa. Y tenía derecho además de los repetidos beneficios espirituales a un sitio reservado en la iglesia, en banco especial, y un alcalde a custodiar la llave del Santísimo en el Jueves Santo.

El 3 de octubre de 1764 el Convento de Santa Olalla recibió la visita de “fray Juan Antonio de Olivares, predicador, ex definidor, ex comisario y visitador de la Provincia de la Purísima Concepción y segunda vez Ministro provincial de esta santa provincia de San José de Menores Descalzos de nuestro padre San Francisco” que hizo descripción de la fundación del convento y de sus rentas.

“El ingreso de limosnas en varias especies es el siguiente: Del trigo que en toda la guardianía se recoge cada un año, poco más o menos veinticuatro fanegas; de cebada, treinta; de garbanzos, dos fanegas; de algarrobas, tres; de centeno, media; de habas, una fanega.
Y el señor Excelentísimo y Eminentísimo Cardenal Arzobispo de Toledo, que Dios prospere y guarde muchos años, da a esta Comunidad una limosna voluntaria de trigo de veinticinco fanegas.
Pídese el pan de varios lugares, y no se recoge lo suficiente para mantener la Comunidad, y es necesario cocer el trigo recogido y de lo que nos da el señor Eminentísimo para la Comunidad y los pobres, que son muchos.
Limosna de aceite se pide y otras, y se recogerán de aceite treinta arrobas; de vino, ochenta; de lana, tres arrobas; de seda, una libra; y de lino y estopa una arroba.
En los lugares donde se piden estas limosnas se va por la Cuaresma de vereda y se les predica y confiesa por dos religiosos, y en Cebolla se les predica Ceniza y los domingos primeros de Adviento y Cuaresma, y en los días festivos va un confesor a confesar. Y donde los señores curas piden predicador para algún domingo de Cuaresma o Adviento, se les envía.
Las limosnas que en especie de dinero entran en poder del síndico de esta comunidad son las siguientes: De sermones panegíricos 2.200 reales de vellón; De sermones morales 1.500; De hábitos de difuntos que piden varios devotos 1.100; De la limosna que da la Villa de Santa Olalla del situado 1.500; De la lana que se recoge y la que se corta de cincuenta o más carneros que compra el síndico para la Comunidad 800; De la limosna que da la Villa de Cebolla 1.100; De varias limosnas de devotos de entre-año 1.500; De lo que da el Rey nuestro señor para pagar el pase de las cartas 160; De los señores alcaldes de Santa Olalla para ayuda a dos festividades para sus gastos 120; Importan todas las limosnas pecuniarias que recibe nuestro sindico 9.980 reales de vellón.
Gasto preciso de esta Comunidad en cada un año, poco más o menos, en especie de dinero, que exhibe y paga nuestro síndico: De pescado abadejo, 45 arrobas, reguladas al precio de cuarenta reales cada arroba, 1.800; De 250 arrobas de vino, cada una a diez reales de vellón 2.500; De 220 varas de sayal, a ocho reales la vara, 1.760; De lienzo para paños menores a los religiosos, que se les da dos veces cada año, noventa varas, 455; De lienzo, lo más forzoso, no lo que se necesita, para la sacristía y enfermería, 200; De los carneros que para la comunidad compra nuestro sindico, 1.000; De la carne de vaca que se trae para cenar, 800; Del tocino que compra el síndico para la comunidad 300; De la cera que se compra para las misas 500. De las soldadas que ganan mozos, lavandera, barbero y herrador 1.348; De botica para los enfermos 400; De la nieve que se gasta 300; De la sal y precisas especias 300; De varios reparos y quiebras del convento 400; De portes para pagar las cartas 160; Importa el dinero que da nuestro sindico para gastos de la comunidad 12.223 reales de vellón.
Lo que se da  los pobres de limosna en varias especies importara lo menos trescientos ducados.
¡Este es el milagro de la Divina Providencia con sus pobres evangélicos! ¡Sea Dios bendito y glorificado para siempre de todas las criaturas, y especialmente de los hijos de nuestro padre San Francisco y San Pedro de Alcántara, por cuyos méritos el Señor nos alimenta! Amén.
Es cuanto debo decir en la materia mandada. Y para que conste, lo firmé de mi mano y los discretos y sellé con el sello del sobredicho convento en quince de noviembre de 1764. Fray José de Puertollano o Santa Bárbara, guardián, fray Manuel de Mora y fray Eusebio de Pinilla (Firman y rubrican).”

El último convenio entre la villa como patrona y el convento llegaría el 4 de julio de 1808, después de un tiempo de “distracciones” se vuelve a ajustar el convenio en las mismas condiciones con el pago de los 1.500 reales, las obligaciones de los frailes quedan también actualizadas “Que los religiosos del convento han de quedar obligados a asistir y concurrir en forma y cuerpo de comunidad a las funciones de iglesia del Corpus Christi, Virgen de la Piedad, Cristo de la Caridad , procesiones de la Octava del Corpus y otras generales de publica rogativa”.

El Convento fue usado como acuartelamiento francés durante la Guerra de la Independencia, destruido a causa de la guerra y abandonado por tanto por los frailes. Terminada la guerra en 1815, la cofradía de San Antón y el ayuntamiento firman un convenio para instalar a los padres Franciscanos de San Pedro de Alcántara en el Hospital de San Antón, algo que no se logró. El Convento de San Juan fue reedificado parcialmente en 1832, aunque aun así los monjes no regresaron. Finalmente las medidas de exclaustración que llegaron con las reformas liberales imposibilitaron ya su regreso por lo que se utilizó finalmente como cementerio.

El diccionario de Madoz nos da una de las ultimas referencias al convento: “En las afueras un convento de San Francisco, derribado en la Guerra de la Independencia, reedificado en 1832; pero que no llegó a habitarse por haber sobrevenido la exclaustración, y sirve en el día para teatro; 2 ermitas dedicadas a San Roque y San Sebastián, y unido al convento, el cementerio que no ofende a la salud”.

La vida del convento se basaba en rezos y misas diarias y en el cuidado del huerto próximo llamado huerto de San Juan. El convento disponía de diez y ocho celdas para los religiosos y tres para enfermos y huéspedes, claustro, archivo e iglesia.

El claustro era sencillo pero decorado con siete cuadros de grandes dimensiones que recordaban pasajes de la vida de San Francisco de Asís, destacando el de menor tamaño, situado sobre la puerta que daba acceso a la portería. Éste representaba a este santo arrojado a las llamas, desnudo, poniendo freno a la tentación lasciva.

En el archivo se conservaba un Lignium Crucis (reliquia o fragmento de la cruz en la que Cristo fue crucificado) donado por doña Isabel de Samaniego, vecina de Otero.

En la iglesia destacaba una pintura en el altar mayor que representaba a San Juan Bautista, titular del templo, bautizando a Cristo en las orillas del Jordán. Por la capilla mayor del templo a la parte del medio día se hallaba la lujosa capilla mandada construir por suscripción popular y la iniciativa del emprendedor y entusiasta fray Francisco de Lillo en el año 1743. Al poco de finalizar la obra él murió siendo enterrado según sus últimos deseos en esta capilla. En ella recibía culto una pequeña imagen que fue un regalo del obispo de Segovia e inquisidor general don Baltasar de Mendoza y Gómez de Sandoval (Madrid, 1652 - Segovia, 1727), hijo de los condes de Orgaz y señores de Santa Olalla y un personaje muy destacado durante la Guerra de Sucesión.

Del convento solo han sobrevivido hasta nuestros días unas cuevas usadas por los frailes como bodegas. Y probablemente la pequeña imagen de San Juan Bautista que se conserva en la iglesia de San Julián.

miércoles, 25 de enero de 2017

Diego de Sandoval, un conquistador eulaliense

Diego de Sandoval y la Mota (Santa Olalla, 1505 – Quito, 1580) nació en la villa de Santa Olalla, arzobispado de Toledo, hacia 1505 en el seno de una familia hidalga, sus padres fueron Gonzalo de Sandoval y San Pedro e Inés de la Mota. En Santa Olalla tuvo casa con escudo en la fachada con las armas de sus antepasados.

En 1522, con apenas 17 años, cruzó el Atlántico hasta el recién descubierto continente americano. Junto a Pedro de Alvarado partió hacia la conquista de Guatemala, pagando caballo y armas. Participó en la fundación de la ciudad de Santiago de los Caballeros y a continuación, se estableció en Cuzcatán.

Diez años después, en 1533, embarcó rumbo a Quito, nuevamente junto a Pedro de Alvarado, llevando numerosos esclavos de ambos sexos, muchos de los cuales murieron a consecuencia de las enfermedades y el frío al traspasar la cordillera de los Andes. Primero llegó a las costas de lo que hoy es Ecuador en la provincia de Manabí, luego tuvo que atravesar la densa selva alrededor del río Guayas para llegar a la parte inferior de los Andes. Llegaron a un paso llamado Liribamba, donde Sandoval y sus hombres encontraron a otro conquistador, Sebastián de Benalcázar, a cuyas fuerzas se unió. Sandoval y Benalcázar pronto se hicieron amigos y con sus fuerzas avanzaron sobre la resistencia de Rumiñahui y sus hombres, que se habían hecho cargo de las fuerzas incas después de la muerte de Atahualpa. Por estos méritos nombre de Diego de Sandoval aparece grabado en los muros de la Catedral Metropolitana del Ecuador.
Carta de concesión de Escudo de Armas
a Diego Sandoval y la Mota
Concesión de Felipe II - Año 1567

El 6 de diciembre 1534 Diego de Sandoval fue uno de los primeros “Vecinos”, ciudadanos con derecho, para recibir un pedazo de tierra en el recién fundado San Francisco de Quito (actual capital de Ecuador). Al año siguiente se fue con Benalcázar a recuperar el contacto con los españoles que se habían quedado en Santiago (hoy Santiago de Guayaquil) y pacificar la región alrededor del río Guayas. Luego marcharon a San Miguel de Piura a través de la tierra de los Cañari.

Sandoval de unió a una inca llamada “Coya” a la que bautizaron con el nombre de Francisca, vivió con ella sin oficialmente casarse y luego regresó a Quito. De acuerdo con el investigador John Hemming, experto en la cultura inca,  Sandoval capturó a un grupo de fugitivos incas entre los que estaba la hermana de Atahualpa que fue bautizada como Doña Francisca Coya.  Coya era un apelativo común entre las mujeres principales de los Incas.

Fue llamado por Francisco Pizarro para contestar algunas acusaciones que no han quedado especificadas, pero al llegar encontró que Lima había sido sitiada por una revuelta indígena. Con sus hombres desalojó a las fuerzas que la rodeaban desde el cerro de San Cristóbal, obteniendo así las gracias y la absolución de Pizarro. De inmediato regresó a Quito en busca de más hombres para detener la revuelta en Perú, pero el líder actual de la ciudad se opuso por lo que tuvo que ir a la provincia de Cañar (que estaba bajo su mando) para la contratación de 500 guerreros. Los Cañari habían resistido históricamente las invasiones incas y después de haber sufrido mucho bajo su imperio estaban ansiosos por ayudar a los españoles. Después de una larga lucha en la que logró someter la revuelta y negociar la paz entre las facciones que combaten en las tierras altas Mamaicanta.

En 1536 “La Coya” dio a luz a una hija, bautizada como Eugenia, quien años más tarde, obtuvo una concesión real de Carlos I confirmando sus derechos (Real Cédula de legitimación), para que pudiera casarse con el capitán Gil de Rengifo.

En 1537 fue nombrado Alguacil Mayor de Quito y aumentó sus tenencias de la tierra en Mulaló, Pomasqui y otras áreas alrededor de Quito. En ese año también obtuvo título de Alférez que le permitió llevar la bandera del rey.

En 1538 recibió una confirmación de Pizarro de su “encomienda” de los Cañaris y en 1539 demostró aún más sus servicios a la corona en lugares como Cuzco y Popayán. Perdió todos sus mandamientos y fue llevado prisionero a Lima durante el levantamiento de Gonzalo Pizarro.

Alrededor de 1541 se encontró con su amigo Alonso de Fuenmayor en la ciudad de Pasto y entró en el negocio de la cría de cerdos, obtuvo mucho éxito con esta empresa. Fue a Cali y encontró compradores para un rebaño de ovejas que había traído desde el sur y consiguió el dinero suficiente para convencer a Benalcázar de que lo nombrara Gobernador y Capitán General de Nevia. Luego se unió a las fuerzas de Vaca de Vega que había sido enviado por la corona para castigar a Almagro.

En 1543 presentó los títulos y los comandos que Benalcázar le había dado, pero tuvo que enfrentarse a varias autoridades locales con el fin de conseguir la legalización. A través de todas estas tribulaciones mantuvo su sentido de los negocios y adquirió muchas propiedades de tierra como pago por su apoyo a la corona y sus representantes. Alrededor de 1545 fue nombrado Teniente Gobernador y Capitán General de Anserma y ayudó a la ahora virrey Blasco Núñez Vela en sus expediciones y conquistas con su propio dinero.

Este mismo año se casó con doña Catalina Calderón de Robles con la que tuvo dos hijas en Quito, Ana y Juana.

En 1458 viajó a Lima, se le dio de nuevo “encomiendas” en Mulaló y Pomasqui (cerca de Quito) y regresó a Quito con su familia.

Alrededor de 1550 se convirtió en el dueño de la zona conocida como Mullihambato y de ranchos dedicados a la crianza y comercialización de ganado: ovejas, cabras, vacas y cerdos. El gobierno de la ciudad de Quito le dio una marca especial para distinguir sus animales y derechos especiales para su venta en la región.

Hay poca información desde 1550 hasta 1559, pero en ese año regresa a Quito y se convierte en “Regidor Perpetuo de su Cabildo”. En ese momento comenzó la construcción de la capilla de San Juan de Letrán junto a la iglesia de la Merced en Quito, dos años más tarde, en 1561 el Papa Pío IV aprobó dicha construcción. En 1562 el rey Felipe II, confirmó su nombramiento como Regidor Perpetuo.

Alrededor de 1565 regresó a España para descansar de sus terribles experiencias americanas; visitó Toledo y Santa Olalla, el lugar donde nació. En 1567 el rey Felipe II le dio su propio escudo de armas, en el que refleja algunas de sus hazañas, como la ruptura del cerco de Lima. En 1568 regresó a Quito llevando con él muchas decoraciones para la capilla que había construido, incluyendo un par de pinturas de Tiziano y varias reliquias.

En 1577 su encomienda de Mulaló fue confirmada por dos vidas por la corona y el 29 de mayo 1580 escribió su testamento en Quito ante el escribano Juan Carrillo. Sus tierras en Mulaló se dividieron entre varios herederos y parte de ellas las cedió a los indios que vivían allí. Fundó un Mayorazgo a favor de su hija Ana y sus descendientes que llevaran su nombre y apellido. Murió unos días después en la casa de su yerno, Miguel Fernández de Sandoval, era su confesor Fray Luis de la Cuadra y fue enterrado en la capilla que había construido con ese propósito.


viernes, 13 de enero de 2017

¿Qué era el Guarro Antón?

Guarrillo de San Antón
Detalle de la imagen de San Antón de Santa Olalla
Con el nombre de “Guarro Antón” o “Guarrantón” se conocía a un cerdo que la Hermandad de San Antón de Santa Olalla soltaba de pequeño por el pueblo y estaba todo el año recorriendo las calles y alimentándose de  todo lo que le echaban los vecinos. En nuestro pueblo el cerdo volvía cada noche a dormir a los corrales del antiguo Hospital de San Antón y del Corpus Christi en otras ocasiones dormía con los demás cerdos en el porquero, situado al final  de la calle San Roque.
Cuando llegaba el día de San Antón, 17
de enero, era sorteado y el ganador se le llevaba a casa para hacer con él la tradicional matanza, que por aquel entonces era realizada en la mayoría de las casas. El ganador tenía la obligación de entregar un lechón, al que se le cortaban las orejas para diferenciarlo del resto y se le volvía a soltar para continuar con la tradición.
Todavía en nuestros días se usa un dicho: “pareces al Guarro Antón”; que se aplica a la persona que para poco en casa y la gusta pasar mucho tiempo en la calle; también para referirse a las personas que son poco limpias, dado que el cerdo al andar libremente siempre se revolcaba por cualquier lugar.